No es la primera vez que en este blog os hablo de la bellísima Praga, una ciudad que lisa y llanamente me encanta. Fuera de los lugares más conocidos y trillados, siempre me ha gustado mucho el aroma de Malá Strana, la ?ciudad pequeña?, más ?checa? que otras partes de la ciudad: más pintoresca y con menos afluencia de las masas.
Pues bien, en todo el centro del barrio ha abierto sus puertas el último lugar imprescindible de la ciudad (aunque lleve construido hace 500 años). Me refiero al Malostranska Beseda, un palacete renacentista que, tras una inversión millonaria, se ha convertido en el nuevo ?place-to-be? de la capital checa.
El palacete acogió hasta su cierre, hace un par de años, una sala de rock algo ?oscura?; ahora, lo que encontramos repartidas por las cinco plantas del palacio es una muy sabia y elegante aprovechamiento del espacio que incluye dos bares (un pub en el sótano que es muy barato y una coctelería, Trick, decorada 100% cine); un restaurante, el Malostranska Beseda, repleto de memorabilia del dorado siglo XIX, sobre todo relacionada con la cerveza Urquell (son los dueños del restaurante) y cuadros con antiguos recortes de prensa, un café (aquí, destacan el mobiliario Art Nouveau y mesas de mármol: ¡puro glamour centroeuropeo!), una sala de conciertos y una galería de arte. En la sala de conciertos, la música más moderna ?jazz&punk, folk&funk- se cuela entre los candelabros? Con tanta diversidad, no extraña que el Malostranska Beseda se haya convertido en sólo unas semanas en uno de los lugares más populares de Praga. ¡Te espero allí!
Ah, y si necesitas más info sobre Praga, mira aquí el reportaje “Praga, eternamente de moda”.


Clemente Corona






