Marrakech, la ciudad rosa
El pasado imperial de Marrakech propone cultura y ‘shopping’ con acento francés. Piérdete en algún punto entre el Sáhara, las cascadas de Ouzoud, el valle de Ourikalas o las montañas del Atlas.
por Anabel VázquezMarruecos fue un protectorado galo durante más de 40 años, suficientes para que la ciudad rosa incorporase la cultura y el idioma franceses. El barrio de Guéliz, construido a principios del siglo XX por el arquitecto Henry Prost, conserva el sabor, la arquitectura y el urbanismo de la antigua metrópoli. Es perfecto cuando los paseos por la Medina, el zoco y Djemaa el Fnaa saturan, cuando se necesitan bulevares, como la monumental avenida de Mohammed V, cuando el viajero necesita un soplo de aire europeo que Marrakech conserva y gusta de lucir en todo su esplendor.
En las pequeñas calles que la rodean, con edificios racionalistas no previstos en la arquitectura tradicional de Marrakech, está la mejor concentración de boutiques, cafés y pastelerías de la ciudad. Todas fusionan el chic francés y el exotismo local.
No te quedes sólo con los mil colores, olores y sabores de la gran urbe. Desata tus sentidos visitando las cascadas casi intocadas de Ouzoud o el sobrecogedor valle de Ourika. Incluso en plena naturaleza, se respira colonialismo y herencia multicultural, confirmando que Francia y Marruecos comparten la esencia del buen vivir. Compártela tú también.
Lee en el blog de Viajeros Barceló el post sobre la plaza de Jemma el Fna.
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