Durban, esencia del Índico
 

Durban, esencia del Índico

La capital oriental de Sudáfrica colorea la primera cita de la selección con el Mundial. Poco importó el tropiezo: Durban respira fútbol y entusiasmo. Y merece ser correspondida.

Por J. O.

Durban, 16 de junio. 12 horas. Manolo y su troupe de Los Palacios (Sevilla), que canturrean coplas chirigoteras en el paseo marítimo, invitan a Theresa y Eric, un rubicundo matrimonio de Basilea, a bailar por sevillanas. Unos han hecho 8.500 kilómetros para ver al Campeón de Europa. Otros, más de 10.000 para tratar de acortar el mito al equipo de Del Bosque. El fútbol nos mueve. El fútbol nos une. La pareja trata con escaso éxito de seguir el ingenio y el paso de los sevillanos, paisanos del futbolista Jesús Navas. Poco importa. Es la fiesta del fútbol. Hay mayoría de suizos en las calles de Durban, pero no hay predominio de camisetas de su selección.


Porque las gentes de Durban, como muchas otras del litoral Índico, están teñidas de rasgos hindúes, y eso marca también en las costumbres futbolísticas. India fue colonia británica, y eso hace que aquí se siga la Premier League, donde Fernando Torres es algo más que un icono. Son incontables las camisetas, del Liverpool o de la selección, con la serigrafía del jugador en la espalda. Niños y grandes se han uniformado con la prenda de su ídolo, y prefieren ser ‘supporters’ de España que de Sudáfrica. Se sienten más identificados con la devoción que con el DNI. Cosas del fútbol.


Historiadores y geógrafos tratan de explicar lo que el viajero percibe en la espalda de los niños. La vocación comercial de aquel pueblo, cuentan, han hecho de su presencia un rasgo común en la costa. Durban está contagiada de esa fisonomía. Como en Isla Mauricio, salta a la vista la presencia hinduista. A lo largo del imponente paseo marítimo se ofrecen masajes ‘ayurveda’, y varias galerías de arte de la ciudad se expresan con arte indio. Los futboleros, sociólogos pedestres, nos fijamos en el escaparate de camisetas que proliferan en el partido: camino del primer encuentro de España en el Mundial hay muchos mexicanos (“hemos venido a ver a España, porque en España juega Márquez”, dice Fernando, de Querétaro), hay argentinos (“para nosotros el turismo cultural lo mueve el fútbol”, asegura Luis Santiago, de Rosario) e infinidad de brasileños, nórdicos y orientales, por supuesto. Gentes con más o menos recursos económicos, unidas por el rasero del deporte. Las gradas y las calles recuerdan con su colorido la sección de deportes de El Corte Inglés.


En el estadio de Durban hay pancartas de Burgos, de Mallorca, de Menorca, de Málaga. Incluso alguna Ikurriña. Hay un muestrario con sábanas pintadas en Lucerna, en Ginebra. En las gradas hay suizos residentes en España y españoles que emigraron a aquel país en los 70 y han echado raíces. Predomina el rojo de las dos selecciones y el sonido de la vuvuzela, esa trompeta autóctona que atruena como una manada de elefantes. Antes solo la tocaban los nativos. Ahora, todos somos virtuosos de su interpretación. Cerca de nosotros se sientan Pacho Maturana, ex seleccionador colombiano y Leonel Álvarez, aquel centrocampista con melena 'a lo Camela' que jugó a sus órdenes en el Valladolid. Poco importa la derrota: para los feligreses de este deporte, acudir a un mundial es como para otros acudir al festival de Benicàssim o a la misa del Gallo en San Pedro del Vaticano.


Hay españoles que se han hecho fotos con Luis Aragonés. Otros, madridistas ellos, se han inmortalizado con Karembeu. Esta mañana, en el aeropuerto de Durban, los brasileños acosaban a Edmundo, aquel delantero que hizo una eléctrica pareja de ataque con Romario.  
Todos están en Durban. Todos quieren ver a España, como aficionados o como comentaristas de medios de comunicación. Y Durban responde porque tiene todo lo que un viajero puede esperar: 20 grados en pleno invierno, una luz amable, similar a la de Canarias todo el año, y ese color luna de miel que solo destila este océano. Y es más que asequible al bolsillo: en Steers, un chiringuito a pie de playa con una golosa (y olorosa) barbacoa, se puede comer por apenas 50 rands (unos 5 euros al cambio). Y si no quieres comer, puedes animarte, como hacían antes del partido Manolo y los suyos, con pintas de cerveza Castle, apenas a dos euros. En este chiringuito se ha firmado la hermandad hispano-suiza antes y después del partido. España ha perdido, pero ha ganado amigos en Durban.

Datos básicos de South Africa



 

La moneda


Conversión: 1 EUR = 10.52 ZAR

El Idioma


Inglés.
 

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