Canadá: dos visiones de un mismo país. Urbano vs natural
Carlos y Marina, por sus ciudades: Montreal, Quebec, Toronto. Virginia y Javier, por su naturaleza: el monte Robson, el parque Nacional de Jasper, el glaciar de Athabasca.
Carlos y Marina/ Virginia y JavierCuatro urbes entre Francia e Inglaterra
Marina y Carlos repartieron sus dos semanas de periplo urbanita entre el Canadá francés y el más anglosajón. "Decidimos que Montreal fuera la ciudad de entrada y salida para, desde ella, realizar un circuito por las principales ciudades del Este de Canadá", explica Carlos. "Merece la pena callejear por la zona antigua, perderse en sus calles declaradas Bien de Interés Histórico-Cultural y entrar en la basílica de Nôtre-Dame para asistir al espectáculo de luz y música que da a conocer su historia". Ojo: lo recomienda un técnico de sonido.
Eso, a ras de suelo. Pero la urbe canadiense alberga una sorpresa aún mayor: "Bajo sus edificios existe un inmenso complejo subterráneo, una especie de segunda Montreal que sirve para que la población se desplace sin pisar la superficie durante el duro invierno". Galerías, calles, tiendas, grandes almacenes, bares, restaurantes y hasta un callejero propio bajo el suelo de Canadá.
Quebec en el origen. "El centro neurálgico del Canadá francés está en Quebec. Hay que recorrer su plaza de Armas, la calle de los Artistas, las puertas de St. Louis y St. Jean, la zona comercial de Petit Champlain...". Una ciudad muy segura en la que, según indica Carlos, se come de lujo. De hecho, una de las mejores opciones gastronómicas de esta zona de Canadá son aquellos platos que, siendo totalmente canadienses, tienen trazos de sabor absolutamente franceses. ¿Algún sabor especial? "El agridulce del jarabe de arce, que se come con carne o patatas asadas".
Tras 730 kilómetros, esta pareja se sumergió por fin en el modelo de ciudad eminentemente americano: Toronto. Allí, el viajero se encuentra con la calle más larga del mundo: "Se trata de la calle Yonge, ¡con 1.896 kilómetros!". En realidad es una vía que, bajo un mismo nombre, comienza en Toronto y acaba en la frontera con EE UU. La ciudad más grande de Canadá cuenta también con los principales rascacielos: "El más conocido es la CN Tower (533 metros), al que recomendamos subir al caer el sol. Además, no es muy cara y cuenta con un restaurante giratorio con suelo de cristal". El recorrido urbano por Canadá no es completo sin visitar la capital, Ottawa: "Merecen la pena el Parlamento y los museos de Historia Social y Humana y el de las Civilizaciones".
Entre las Rocosas y Vancouver
"Nunca había contemplado tanta belleza y pureza tan concentrada y tan de cerca". Así resumen Virginia y Javier su viaje al Canadá más salvaje, aquel que se extiende desde la costa del Pacífico, en Vancouver, hasta los lagos del centro del país. "Nuestra primera excursión fue a lo grande: el monte Robson, la montaña más alta de las Rocosas canadienses, con 3.954 metros. Para relajarnos, nos adentramos después en el Parque Nacional de Jasper, explica Virginia. Este recorrido sirvió además para realizar los primeros avistamientos de osos y alces, algo que se convirtió en habitual durante todo el viaje.
Lo más grande del más grande
"El mejor día fue aquel en el que visitamos el glaciar de Athabasca, el campo de hielo más grande al sur del Círculo Polar Ártico. No creo que volvamos a ver algo tan salvaje y puro como aquello", relata esta enfermera. El gran día se completó con "unas increíbles vistas al glaciar desde la cama. ¡Una pasada!".
Antes de visitar el lago Minnewalka, "tan extenso que podría ser un mar", esta pareja se dio un respiro de tanta naturaleza en Banff, una recoleta ciudad "donde se producen dulces exquisitos y que huele a chocolate". El viaje por Canadá terminó en Vancouver, donde cruzaron el Capilano, el puente colgante peatonal más largo del mundo, visitaron el mercado de Granville Island y vieron cómo se ponía el sol sobre el Pacífico, el océano más grande del mundo. Casi nada.
Nuestros viajeros
Carlos Sánchez y Marina Bueno
Técnico de sonido y profesora
Elegimos Canadá... por cambiar de registro: tras India, Tailandia y China, nos atraía la cultura norteamericana.
Nuestra ruta urbana se completó con cuatro días en Nueva York como remate final.
Viaje diseñado en Barceló de Badajoz (badajoz@barceloviajes.com)
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