Tailandialex: De Bangkok a Chiang Mai, del asfalto a la jungla
Bangkok, Chiang Mai y Chiang Rai son las tres escalas emocionantes de esta aventura por Tailandia. Montar en elefante, dejarse llevar en el Vuelo del Gibón o descubrir a Buda junto a Supermán en un templo son algunos de los capítulos de la hoja de ruta de Álex, inmortalizados con su cámara. "¿Una palabra que resuma la experiencia? "¡Tailandialex!".
Álex Monge Acevedo
“Mis conocimientos sobre Tailandia, hasta hace poco, consistían en haber visto Ong Bak: el guerrero Muay Thai”, reconocía divertido Álex antes de partir rumbo a Bangkok. "También atesoro prejuicios típicos de occidente: las mujeres son fáciles; hay peleas de gallos; la comida pica; los masajes tienen sorpresa; la gente se desplaza en elefante… ¡Ya veremos!".
"Viajo con mi hermano Claudio. Aterrizamos en Bangkok, donde tenemos que tomar otro vuelo hacia Chiang Mai. Recorremos el moderno aeropuerto de Suvarnabhumi y contemplamos la torre de control más alta del mundo", dibuja Álex.
“¡Ya estamos en Chiang Mai!”, celebra Álex. "Nos recibe nuestra agradabilísima guía Yanisa. No hacen falta más de dos horas en Tailandia para darse cuenta de que todo el mundo sonríe mucho y hace una pequeña reverencia por todo. En compañía de Yanisa y un chófer que solo habla tailandés pero que se ríe de todo lo que decimos como si nos entendiera, tomamos una furgoneta".
Wat Prathat Doi Suthep I es uno de los templos más importantes de Chiang Mai y tiene casi 700 años. La historia de su pieza central, una clavícula de Buda, culmina con un elefante blanco que, guiado por el poder mágico de la reliquia, trotó hasta la cima de una montaña, hizo sonar su trompa tres veces y cayó muerto. "Interpretaron el suceso como una señal para levantar el templo allí mismo", cuenta Álex.
Claudio posa junto a la pagoda o chedi, de bronce recubierto con pan de oro. “¿Por qué está descalzo?”, se pregunta Álex. Una norma básica en Tailandia es que los pies son impuros y execrables.
"Nos dirigimos a Wat Prathat Doi Suthep II. Subir y bajar de este templo puede hacerse de dos maneras: en un funicular eléctrico que cuesta 50 baht (para extranjeros), y por una escalera de 309 escalones. Usamos el primero al llegar y la segunda para marcharnos", recuerda Álex.
Cinco horas en Chiang Mai y los hermanos ya han visitado tres templos budistas. "Salimos de la última pagoda cuando queda media hora de sol y decidimos entretenernos con algo más pagano. Yanisa nos recomienda una casa de masajes", dice Álex. Dos sonrientes y recias masajistas les lavan los pies con agua aromática y les hacen vestirse con camisa y pantalón finos y holgados. Durante dos horas, sus cuerpos son destruídos y reconstruidos desde cero a base de técnicas que incluyen hundir ambos codos en mitad de la espalda o ser montado como una tabla de surf. “Somos muñecos de carne en manos de profesionales”, ríe Álex. Para terminar, les ofrecen un té. "Salimos de la casa de masajes sintiéndonos dioses", sentencia Álex.
"Ascendemos por una carretera llena de curvas que se interna en la jungla. Hemos pagado 3000 baht por cabeza (unos 70 €) para ser arrojados al vacío, atados a un cable. La aventura se llama 'El Vuelo del Gibón”.
El campamento de elefantes de Mae Taman está a media hora en coche de Chiang Mai. Yanisa les cuenta curiosidades sobre el elefante hindú: es más pequeño que el africano, las hembras no tienen colmillos y solo tienen un apéndice o “dedo” al final de la trompa, y no dos.
"De Chiang Mai a Chiang Rai visitamos Wat Rong Khun, el templo blanco", recuerda Álex. "No se parece a nada que hayamos visto". El portón está al final de un puente flanqueado por dos cuernos gigantes. Al pie de los mismos se abre un foso del que surgen centenares de manos blancas que piden auxilio en una detalladísima recreación del infierno. Este templo, aún en construcción, es obra del arquitecto y pintor Chalermchai Kositpipat.
Tiene profusión de detalles acabados en cristal blanco: escenas míticas, animales y vegetales, fuego esculpido… En el interior, cada centímetro está pintado a mano con un realismo asombroso. La pared del fondo es una enorme imagen de Buda dándonos la bienvenida al cielo. Por los muros laterales navegan carros celestiales y nubes cargadas de creyentes. Vienen del mundo terrenal, que incluye el Infierno. Enfrentando su mirada a la de Buda, un demonio de ojos llameantes cuyas pupilas contienen retratos de Bin Laden y George Bush.
"Alrededor del demonio está representado nuestro mundo terrenal: volutas de humo que contienen las almas de los condenados, rostros alargados en muecas de dolor eterno, montañas de armamento (misiles, Kalashnikovs, pistolas, bazookas, granadas, bayonetas…)". En primer plano ("y aquí Claudio y yo por poco nos caemos al suelo”, recuerda Álex), están representados Neo de 'The Matrix', Terminator, Alien y Predator, Transformers, Supermán, Ultramán, la estación MIR, Spiderman, el Halcón Milenario, Skeletor, los personajes de Star Wars, Godzilla, las Torres Gemelas ardiendo, Doráemon… “¡Lástima que esté prohibido hacer fotos!”, lamenta Álex. Esta visita es el colofón a un viaje que bien vale un título: Tailandialex.
Nuestros viajeros
Álex Monge Acevedo
Fotógrafo
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