Túnez, oasis viajero

Mediterráneo de cine

Viajar a Túnez es hacerlo a un lugar que nos espera con la esencia del Magreb: un territorio accesible y asequible, donde la magia del Sáhara, los zocos repletos de mercancías, las aguas transparentes del Mediterráneo y las llamadas a la oración de los muecines se nos ofrecen recortados por las restos de anfiteatros romanos, ciudades cartaginesas y pueblos de casas blancas y azules suspendidas sobre la bahía…

Playas e historia

Túnez es un oasis para el viajero. Con un litoral de más de 1.200 kilómetros de costa en los que se encuentran algunas de las mejores playas del Mediterráneo, como las de Tabarka, Sousse, Monastir, Hammamet o las de la isla de Djerba. En Túnez, la capital del país (que lo fue también de la África romana), está el norte del país y es una ciudad dinámica, en la que no falta una de las medinas más grandes del Magreb, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (la entrada principal la tienes en la puerta Bab el Bahar), donde, además de regatear y comprar, no puedes dejar de contemplar la Gran Mezquita o Jemaa az-Zitouna (abierta de 8 a 12 horas). Pero pasear por Túnez es hacerlo por una ciudad trazada en gran parte a la europea (un sector conocido como la Nuovelle Villese, la ciudad moderna), donde abundan los bulevares flanqueados de edificios modernistas y cafés a la francesa (acércate al Café du París o el Panorama Café). Imprescindible es también la visita al Museo del Bardo, que alberga la colección de mosaicos romanos más importantes del mundo, y, a un paso de la ciudad, un lugar de nombre eterno que es ya sinónimo de leyenda: Cartago. Los restos de una de las ciudades más importantes de la Antigüedad se conservan de tal modo que es imposible no sentir la llamada de la Historia contemplando los restos de las famosas termas de Antonino, las cisternas de Malga, el teatro de Adriano, además del templo de Tophet o el circo romano. No te puedes ir de la capital sin dirigirte 15 kilómetros al norte de ella y descubrir el tesoro de Sidi Bou Said, un pueblecito sacado de un sueño pintado de casas azules y cafés decadentes que es santuario de artistas e intelectuales y patrimonio histórico de la Humanidad (¡tómate un té en el Café des Délices!)

¡Silencio, se rueda!

La riqueza paisajística y natural de Túnez ha convertido al país en escenario de películas legendarias. Cuando vayas a Matmata, estarás convencido de que lo conoces: sus casas trogloditas excavadas en el suelo son las que dieron a George Lucas la idea para rodar aquí, hace ya 30 años, varias secuencias de La Guerra de las Galaxias (a 90 kilómetros al sur está la ciudad de Tatouine, que da nombre al planeta de Luke Skywalker, aunque no se rodara ninguna escena de la saga). ¿Más escenarios de película? En Monastir se rodó la escena de la lapidación de La vida de Brian, en Chebika (a 120 kilómetros de Tozeur) varias secuencias de El paciente inglés, y en Sidi Bolhuel, verás escenarios que ya te encontraste en En busca del arca perdida.

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